jueves, 31 de enero de 2013

Los dirigentes de la Unión Española prometen transparencia



Por Jonás Berea (jonasberea@gmail.com)
Publicado también en CaféHispano (Spectrum)

El Consejo de la Unión Adventista Española (UAE) ha presentado a la iglesia un plan estratégico para el siguiente quinquenio. De momento conocemos el esquema del mismo, presentado en la Revista Adventista de diciembre de 2012 y en el breve vídeo Una iglesia para todos.

El plan se basa en cinco pilares:

1. Revitalizar la iglesia.
2. Reforzar nuestra identidad adventista.
3. Fomentar nuestra relevancia en la sociedad.
4. Expandir el mensaje adventista en España.
5. Aumentar la eficacia y la transparencia administrativa en la iglesia.


Hay que destacar positivamente que por primera vez los dirigentes de nuestra unión presenten un plan de este tipo y lo ofrezcan al conjunto de la iglesia para que se involucre en su desarrollo. Eso sí, veo necesario destacar dos ideas:


  • Debemos tener muy presente el objetivo y la finalidad fundamental de los cristianos, que no es la iglesia en sí, sino Cristo. Hay que tener cuidado en que el énfasis en la relevancia social y la identidad de la iglesia no nos haga caer (permanecer, en realidad) en un modelo eclesiocéntrico, sino avanzar hacia un modelo cristocéntrico. No olvidemos que nuestra misión no debe ser dar a conocer ni predicar una iglesia, sino dar a conocer y predicar a Jesús. Este fundamento debería estar más explícito en todos nuestros documentos.
  • También es importante comprender en qué consiste el liderazgo cristiano: no en que unos dirigentes diseñen unos planes para que las bases los cumplan (en cuyo caso serían simples jefes, al estilo del mundo), sino en que los líderes involucren al conjunto de la iglesia en el plan, pero ya desde sus propios inicios, empezando por la tarea de definir los objetivos. Que sea el propio Espíritu, actuando en el conjunto de los hermanos, el que defina el rumbo que la iglesia como cuerpo de Cristo va a tomar. El pastor Burrill explica muy bien, ejemplificando en el nivel de la iglesia local, el daño que hace “una mala comprensión del ministerio” (véase el apartado con ese título en el artículo El sacerdocio universal de los creyentes y el ministerio eclesial). Otro tanto se puede decir de niveles superiores.

En este artículo me centraré en el último punto del plan, relacionado con la eficacia y la transparencia administrativa, sobre el que veo necesario señalar lo siguiente:

1. En el vídeo se va mencionando cada objetivo, y a continuación se añade un breve comentario que lo desarrolla; curiosamente, esto ocurre con todos menos con el último, que queda por tanto más impreciso.

2. En los últimos tiempos, tanto a escala mundial como en la Unión Española, es evidente que hay una preocupación generalizada por la transparencia (es decir, por la falta de transparencia), y que algunos están buscando soluciones: véanse los artículos Carta abierta a un dirigente adventista, Es necesaria una mayor transparencia en la administración de la iglesia y Voces por la transparencia en la iglesia.

3. En la última Asamblea de la Unión también se constató un marcado interés por el asunto. Tal y como quedó recogido en el artículo Después de la XIX Asamblea de la Unión Adventista Española, muchas de las propuestas de las iglesias planteaban ideas para que la organización funcione de manera transparente. Se aprobaron algunas medidas concretas, como enviar una vez al año a los consejos de las iglesias un informe sobre los diezmos y ofrendas y los proyectos realizados, traducir el Working Policy, elaborar un folleto informativo sobre la estructura administrativa de la iglesia, informar a las iglesias sobre los costes de las convenciones y publicar en la Revista Adventista los principales acuerdos del Consejo de la UAE y de las instituciones.

Otra propuesta aprobada fue la de dar a conocer a las iglesias a corto y largo plazo los proyectos de la presidencia y los departamentos, además de los presupuestos y las cuentas. Es muy positiva, también, pero resulta significativo que fueran rechazadas precisamente aquellas propuestas que iban encaminadas a concretar un compromiso para cumplir este objetivo general, como por ejemplo la que establecía una periodicidad semestral para esos informes. Si no se establece una periodicidad fija, la pretendida transparencia queda sometida al arbitrio de los dirigentes. Tampoco se aprobó que se hagan públicos los proyectos de trabajo y la memoria anual de todos los departamentos, estableciendo instrumentos para que la membresía pueda evaluar, sugerir y mejorar la gestión de la UAE. Se rechazaron propuestas como la de publicar los Estatutos y el Reglamento de la UAE en la página web oficial, y la de que se realicen obligatoriamente auditorías externas de las cuentas de la Unión y de todas las instituciones. Y tampoco se quiso asumir el compromiso de favorecer una mayor participación de pastores, obreros y laicos en la toma de decisiones, creando los foros y cauces necesarios para que su opinión sea tomada en cuenta, pues se consideró ¡que ya existen los cauces suficientes! Se empezó el quinquenio, por tanto, más con afirmaciones generales que con planes concretos de transparencia.

4. Los objetivos son la base de un programa. Como se dice en el vídeo, “debemos ponernos a trabajar”. Los dirigentes nos proponen unos objetivos; aunque se han planteado de forma vertical, asumamos que son representativos del conjunto de los hermanos. Pero es indispensable que en las siguientes fases del plan se cuente con la participación de la feligresía, si no fracasará. Es necesario que ahora los dirigentes establezcan un sistema de recogida de ideas de las iglesias y de los hermanos, para desarrollar los contenidos, la metodología, la temporalización y la evaluación (imprescindible si se desea transparencia) del programa. Todos los miembros tenemos que comprometernos en este plan; pero para ello debemos saber que existe, y se deben abrir los cauces de participación. Y los pastores y administradores deben estar a pie de obra, coordinando la participación e informando sobre su desarrollo.

5. Vamos a los hechos: para empezar, el número de la Revista Adventista sobre la Asamblea (mayo de 2012) no informó sobre las propuestas que se debatieron allí, y por tanto no se dieron a conocer a la iglesia los compromisos específicos sobre transparencia y otros asuntos. En segundo lugar, el secretario de la Unión se comprometió a que después del verano las iglesias, a través de quienes fueron sus delegados a la Asamblea, recibirían un informe oficial concretando las propuestas aprobadas por la Asamblea; han pasado nueve meses desde el evento y cuatro desde que acabó el verano y la iglesia todavía no sabe apenas nada sobre las decisiones allí tomadas, excepto lo que de forma espontánea pudieran comunicar los delegados a su regreso del encuentro.

6. Uno de los avances más significativos de la última Asamblea fue recuperar la Comisión permanente de Planes y Resoluciones, que jamás debería haber sido eliminada. En estos nueve meses tampoco hemos tenido información sobre sus actuaciones, ni se ha animado a las iglesias a participar enviando sugerencias. Es más, ¿saben todos los adventistas españoles que existe esa comisión?

7. La transparencia no sólo debe entenderse hacia el futuro, sino también hacia el pasado, sobre todo porque los principales dirigentes en este nuevo quinquenio son en gran medida los mismos que en el periodo anterior. Si realmente están dispuestos a informar a la iglesia sobre los asuntos que conciernen a ésta, hay muchas cuestiones importantes que se llevaron a cabo en los últimos años, incluso ya en este quinquenio, que todavía arrastran secuelas, que preocupan profundamente a muchos hermanos y sobre las que no se ha informado a la iglesia: el juicio por la estafa relacionada con la editorial Safeliz, el despido improcedente de ocho empleados de la editorial (en el caso más reciente, ocurrido ya tras la Asamblea, sin ofrecer ninguna explicación oficial ni siquiera a la propia persona implicada, y sin darle oportunidad de apelar ante instancias imparciales, a pesar de la insistencia del afectado y de otros hermanos en reclamar ese derecho básico), los rumores de ERE en ADRA, las costosas obras en las instalaciones de la editorial...

8. La transparencia implica una manera de actuar que va más allá de informar y comunicar. Pensemos en el ámbito institucional: lo transparente no es que los dirigentes se reúnan durante horas a preparar consejos para que luego estos aprueben lo que ellos planean (práctica habitual), sino que todos los consejeros dispongan exactamente de la misma información y recursos del tipo que sean (eso incluye que un consejero “laico” debe tener todas las facilidades para estar presente en un consejo, o al menos tantas como un consejero “obrero”).

9. En realidad la transparencia es sencillamente informar de lo que todos tenemos derecho a saber porque todos somos iglesia. Si la información se convierte en privilegio de una camarilla, entonces todo se pervierte. La experiencia demuestra que eso pasa por igual en cualquier organización humana; por eso la iglesia debe funcionar de manera diferente al mundo (y, ante todo, no peor que algunas instituciones políticas o sociales, como a menudo ocurre). Se debe evitar a toda costa el uso de la información como instrumento de dominación (ya advierte el dicho que “información es poder”). Lo principal no es tanto mejorar las vías de comunicación, ni siquiera aumentar la cantidad de información, sino reconocer sin paliativos el derecho de la iglesia a estar informada incluso sobre las cuestiones más delicadas (sin perjuicio de las cautelas en cómo informar según los casos).

10. La transparencia además incluye actuar de acuerdo con principios cristianos elementales. De este modo, cuando se toma una decisión delicada sobre un hermano, este tiene el derecho a que su versión se conozca previamente (lo reconocen los textos normativos de nuestra iglesia, en línea con la Escritura), así como, por supuesto, a saber que un consejo va a hablar sobre su caso (algo que se incumple en múltiples ocasiones).

11. Por mucho que el propio presidente electo expresara ante la Asamblea su voluntad de ser transparente, por mucho que ahora este objetivo se incluya en el plan quinquenal, el sentido común y la luz que la Escritura nos da sobre cómo es la conducta humana en los marcos institucionales nos obligan a estar alertas para discernir si estos maravillosos propósitos de los dirigentes son simplemente lemas teóricos, pronunciados en un contexto en el que la palabra transparencia “está de moda”, o son objetivos reales que entre todos vamos a cumplir. Insisto en lo de entre todos, pues es imperativo comprender que estos cambios hacia una iglesia genuinamente cristiana sólo se pueden hacer con el compromiso personal de cada miembro. No olvidemos que en la Asamblea fueron los delegados, muchos de ellos laicos, quienes tumbaron algunas propuestas que concretaban la transparencia. ¿Estamos dispuestos a esforzarnos por una iglesia limpia de operaciones ocultas, que muestre su rostro abiertamente ante Dios y ante el mundo?

Oremos por el conjunto de la iglesia y por los dirigentes en especial para que el Señor nos acompañe en la consecución de tan loable objetivo.

(Nota: Envié el artículo a los administradores de la Unión por si deseaban hacer alguna precisión o valoración, pero no he obtenido respuesta.)


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