viernes, 20 de enero de 2012

¿Debemos permanecer en silencio?

Por Keith Burton
http://yoestoyalapuerta.blogspot.com/
Publicado también en Café Hispano (Spectrum)
Traducción de Jonás Berea del original inglés en Spectrum

«Entonces también ellos le responderán diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te servimos?” Entonces les responderá diciendo: “De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”» (Mateo 25: 44-45).

En su libro Adventism and the American Republican (El adventismo y el republicano estadounidense), Douglas Morgan examina el desarrollo de un movimiento profético que entendió todas las implicaciones del término “profético”. Se veían a sí mismos insertados en el gran esquema cronológico profético tras recibir humildemente el testigo de las corrientes históricas que buscaban recuperar el cristianismo bíblico. Con rasgos de valor, este movimiento incipiente condenaba los abusos de un sistema religioso que pretendía ser representante de Dios (vicarius Dei), pero que había tragado las bebidas servidas por el camarero del infierno. Audaces representantes de esta minoría marginada incluso se atrevieron a volverse contra sus hermanas protestantes apóstatas, a las que acusaban de tirar la toalla con el fin de aferrarse a los hábitos arraigados que habían adquirido durante su cautividad espiritual.

Además de su conciencia cronológica, este movimiento asimismo entendió que un pueblo profético no sólo está llamado a meditar en su condición de remanente, sino también a agitar el statu quo. No era suficiente con imprimir folletos con elaborados gráficos y con imágenes creativamente trabajadas de bestias grotescas diseñadas para empujar a la gente hacia el reino. No era suficiente con fomentar en las masas la necesidad de reformar el vestido y la dieta para que cambiaran sus ropas constrictoras y sus dietas destructivas por vestimentas amplias y calorías saludables. No bastaba con despertar la conciencia sobre vicios sexuales privados que debilitan la sensibilidad moral de la persona y agotan sus fuerzas vitales. Este movimiento entendió que un pueblo profético estaba llamado a ser la voz de Dios en un reino cautivado por Satán. Este movimiento entendió que el remanente está llamado a pensar como Jesús pensaba, a andar como Jesús andaba, a hacer lo que Jesús hacía.

Con su conciencia reforzada, los portavoces de la Iglesia Adventista osaron afrontar asuntos impopulares con pleno conocimiento de que algunos de los suyos y muchos de fuera del “pequeño rebaño” verían sus actos públicos como activismo político. Aun así, comprometidos con el llamado a la justicia social, dominante en la Biblia, y conducidos por las demandas prácticas de una teología liberadora, la aparentemente insignificante congregación no se avergonzó de decir la verdad al poder. Mucho antes de que el doctor Martin Luther King predicara el sermón “Por qué Estados Unidos puede ir al infierno”, mucho antes de que el doctor Jeremiah Wright abriera los ojos de la nación a un aspecto central del evangelio tal y como se registra en Lucas 6; mucho antes de que el obispo Tutu instara al gobierno de Sudáfrica a que dejara marchar a su pueblo, los adventistas del séptimo día entendieron que el cristianismo genuino exigía que los que han sido llamados en el nombre de Dios no tienen otra opción que ser la voz de los sin voz y el hogar de los sin hogar.

En consonancia con el espíritu de los profetas sociales de la antigüedad, nuestros pioneros desafiaron la retorcida, opresiva y demoníaca interpretación bíblica de los ciegos teólogos estadounidenses que justificaban la esclavitud difundiendo la doctrina ponzoñosa del “mandato paulino”. Aunque les superaban en número los seudocristianos que cantaban en el coro los domingos por la mañana y linchaban negros por la noche, algunos de nuestros antepasados no sólo hablaron claramente contra los males de la esclavitud y la segregación, sino que desarrollaron sistemas para la emancipación total de aquellos para quienes el “sueño americano” era una pesadilla real. Es verdad que algunos líderes estaban paralizados por el miedo y absorbidos por una mentalidad quimérica, pero el hecho de que la voz humana con más autoridad en la iglesia se atreviera a hablar de “nuestro deber con la gente de color” es prueba positiva de que el Espíritu de profecía estaba bien vivo.

Los líderes de la iglesia no sólo cuestionaron el capitalismo salvaje que deshumanizaba a un sector enorme de la población estadounidense, sino que intentaron intervenir en la miseria rampante que aniquilaba vidas en los suburbios marginales. Tal y como informa Doug Morgan, los adventistas estaban a la vanguardia de programas urbanos que ofrecían refugio y formación a las víctimas de un sistema feudal en el que los de arriba no se preocupaban por los más humildes. Además, la iglesia asumía su rechazo de una guerra que se cobraba vidas inocentes. Entendían que ningún ciudadano del reino podía celebrar la carnicería causada por la guerra; nadie con la mente de Cristo estaría satisfecho con la explicación de que las víctimas inocentes de una agresión estadounidense deberían apuntarse al margen como “daños colaterales”.

Cuando reflexiono en las posiciones audaces adoptadas por un pueblo que entendió las implicaciones de ser un movimiento profético, me pregunto por qué mi iglesia opta por permanecer en silencio ante las muchas injusticias que confronta nuestra sociedad hoy. Me pregunto por qué elegimos desentendernos del debate nacional, sin darnos cuenta de que nunca es posible permanecer neutrales. De hecho, como dijo Desmond Tutu, “si un elefante pisa el pie de un ratón, el ratón no agradecerá tu neutralidad” (paráfrasis mía). Nuestro silencio en los momentos kairos puede resultar realmente ensordecedor.

Pero, ¿debemos permanecer en silencio? ¿Debemos permanecer en silencio cuando un pueblo xenófobo olvida que sus antepasados no tuvieron que solicitar un permiso de residencia al desplazar a los sioux y los apaches después de desembarcar en estas costas en barcos construidos en Europa? ¿Debemos permanecer en silencio cuando un pueblo irreflexivo se da cuenta de que el auténtico problema con “nuestros puestos de trabajo” no es que los extranjeros vienen a quitárnoslos, sino que los ricos ciudadanos estadounidenses que dirigen las corporaciones y recogen los dividendos los están exportando? ¿Debemos permanecer en silencio cuando un gobierno firma tratados regionales que benefician a los países del norte y dañan a los países del sur? ¿Debemos permanecer en silencio?

¿Debemos permanecer en silencio cuando el abismo entre ricos y pobres continúa ensanchándose? ¿Debemos permanecer en silencio cuando los candidatos a la presidencia que se hacen llamar cristianos se oponen a establecer impuestos justos a los estadounidenses más ricos, que son quienes más se benefician del sistema? ¿Debemos permanecer en silencio cuando un gobierno usa los fondos públicos para rescatar a las instituciones que hundieron la economía, y no hace nada para aliviar la carga de los pobres y de la clase media, aplastados bajo la carga de las deudas contraídas para consumir y estudiar? ¿Debemos permanecer en silencio?

¿Debemos permanecer en silencio cuando el precio de la atención sanitaria sigue subiendo y en consecuencia disminuye el acceso a una sanidad asequible? ¿Debemos permanecer en silencio cuando cargos electos con salarios de seis cifras pueden elegir entre una amplia variedad de proveedores de servicios sanitarios pagados con dinero público, pero no se lo piensan dos veces al votar contra una sanidad pública? ¿Debemos permanecer en silencio cuando gobernadores de estados (como el de Texas) se niegan a financiar clínicas de planificación familiar, con la excusa de que –aunque no realizan abortos– algunos consejeros podrían plantearlos como una opción? ¿Debemos permanecer en silencio?

¿Debemos permanecer en silencio cuando el espíritu de la guerra impregna el alma de la nación y las iglesias descaradamente promueven la política del gobierno, en flagrante rebeldía hacia el Príncipe de la Paz? ¿Debemos permanecer en silencio cuando la administración actual continúa las políticas destructivas de la anterior y mantiene el campo de detención de la Bahía de Guantánamo, donde hay seres humanos presos sin el debido proceso judicial? ¿Debemos permanecer en silencio sobre las más de mil instalaciones militares que Estados Unidos mantiene en suelo extranjero? ¿Debemos permanecer en silencio cuando cada vez hay más adventistas que no tienen inconveniente en ofrecerse voluntarios para un ejército que les enseña a matar sin conciencia? ¿Debemos permanecer en silencio?

Mientras consideras tu respuesta a estas preguntas, recuerda siempre que a un árbol se lo conoce por sus frutos.

Keith Augustus Burton es el Coordinador del Centro para las Relaciones entre Adventistas y Musulmanes en la Universidad de Oakwood. También colabora en la obra The Peace Making Remnant (El remanente pacificador), publicado por Adventist Peace Fellowship.



9 comentarios:

  1. Sin conocer a fondo la historia de nuestros pioneros, me la impresión de que Burton idealiza la cuestión de su compromiso social. Aunque da la referencia de un libro, estaría bien disponer de más documentación sobre el asunto. Aun así, el planteamiento general del artículo me parece muy oportuno, y por eso lo he traducido.

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  2. Estimado Jonás:
    Si bien es cierto que sin conocer la historia de los pioneros adventistas se puede seguir viviendo, también es muy cierto, creo, que conocerla es recomendable, interesante y ayuda a comprender más y mejor a la Iglesia Adventista actual, a sus dirigentes y el andamiaje que la sostiene desde sus inicios, mediados del siglo XIX, hasta nuestros dias. La verdad, y salvando las distancias y magnitud, es que se parece, y mucho, a la tan, curiosamente, denostada y detestada por bastantes miembros y pastores con un pasado conflictivo y caótico dentro y fuera del adventismo, a la Iglesia Católica. Porque al margen de algunos aspectos religiosos, principios bíblicos y teológicos, el resto, casi en su totalidad, son parecidas, por no decir idénticas, entre ambas. Conservadoras, tradicionalistas y siempre mirando, no precisamente a Dios, sino al otro dios, es decir, al César de turno con el fin de que su existencia, crecimiento en número de miembros y dinero, no mengue, disminuya o perturbe el statu quo de la Organización.
    Se dice, no sin razón, que el conocimiento hace y permite distanciarse serenamente y con humildad, del resto de los seguidores de una comunidad, organización o religión. Porque una cosa es la fe, la confianza y el deseo de un mundo mejor, y otra, muy diferente, es la religión, sus normas y prohibiciones al ejercicio del pensamiento crítico como motor para conocer más a Dios en absoluta libertad.
    Un abrazo...

    P.D. Intuyo que el nuevo Presidente de la Unión Adventista en España, ya está elegido. Y pienso, seguro que me equivocaré, que se trata de un pastor de Catalunya con un perfil muy parecido al norteamericano Ted Wilson. Pronto, muy pronto saldremos de dudas, jejeje...

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  3. Estimado Anónimo:

    Estoy de acuerdo en que en nuestra iglesia hay ciertas tendencias que pueden evocar la estructura de la Iglesia Católica, pero es más que exagerado decir que "al margen de algunos aspectos religiosos, principios bíblicos y teológicos, el resto, casi en su totalidad, son parecidas". Es cierto que en la práctica la institucionalización nos ha podido inclinar a cierto formalismo, y se ha dado cabida al autoritarismo vertical. Pero esta práctica está todavía lejísimos del papismo; mal que bien, en la IASD hay un sistema de consejos representativos; los dirigentes se eligen para periodos de tiempo limitados, con participación de delegados de las iglesias; no hay nada parecido a un líder infalible como el papa romano, ni siquiera a los obispos católicos. No hay más que comparar la propia definición de iglesia que sostiene el Catecismo católico, y el desarrollo doctrinal correspondiente, con la eclesiología adventista, tal y como se expone en documentos oficiales como las "28 creencias" o en ensayos también oficiales como el que se recoje aquí:

    http://www.aula7activa.org/edu/libros/documentos/laiglesiadecristo.pdf

    No son "algunos aspectos" los que las diferencian; son los propios fundamentos. En la Iglesia Católica hay voces críticas, pero toda su teología, incluida la del Concilio Vaticano II, es eclesiocéntrica, y expone la necesidad de su mediación eclesial para la salvación de la humanidad; es imposible salir de ese marco sin negarse a sí misma. Nada parecido propone la IASD, cuya teología es cristocéntrica, por mucho que haya desviaciones puntuales. Personalmente, considero que la proporción en las semejanzas es la inversa a la que expones tú: al margen de algunas similitudes en la práctica, son modelos de iglesia opuestos.

    Un abrazo:

    Jonás Berea

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  4. Creo que cuando Anónimo dice “al margen de algunos aspectos religiosos, principios bíblicos y teológicos, el resto, casi en su totalidad, son parecidas, por no decir idénticas, entre ambas”, se refiere a los hechos prácticos, y me parece que ahí las similitudes de fondo son mucho mayores de lo que parece indicar Jonás (pues lo que impera es una mentalidad que, en ambos casos, es “papista”, o mejor dicho, eclesiocéntrica).

    Y me parece también muy acertado que Anónimo diga eso de: “Conservadoras, tradicionalistas y siempre mirando, no precisamente a Dios, sino al otro dios, es decir, al César de turno con el fin de que su existencia, crecimiento en número de miembros y dinero, no mengue, disminuya o perturbe el statu quo de la Organización.”

    Ojalá nuestra iglesia mostrara una praxis más acorde, mucho más, con lo que sostiene en la teoría.

    Saludos fraternales.

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  5. Estimado Jonás:
    Tienes mucha razón al decir que comparar la Iglesia Católica con la Iglesia Adventista es exagerado. Y añadería, como se suele decir coloquialmente, que las comparaciones son detestables. Pero como habrás podido observar, cité a ambas con mayúsculas. No con la intención de compararlas en un sentido literal y con la pretensión de colocarlas a un mismo nivel, sino, como dice Juanfer, para destacar las similitudes de fondo. La Iglesia Católica tiene cerca de dos mil años de historia, mientras que la Iglesia Adventista apenas cubre un siglo y medio de existencia. Los primeros cristianos, con sus defectos y virtudes, también eran, lo digo en leguaje actual para entendernos, asamblearios, demócratas y solidarios. Su guía, su maestro y su esperanza era Cristo y nada más que Cristo. Todos sus bienes eran administrados y se repartían de forma y manera para que nadie sufriera necesidad. Sus vidas eran un ejemplo, un permanente testimonio y una praxis del amor de Cristo. Como una Santa Cena diaria plena de humildad, sencillez y amor al prójimo. De ahí surgieron y se inspiraron, en diferentes épocas, los movimientos sociales, liberadores (del yugo del pecado y del yugo de la tiranía)y la defensa de la libertad. Cristo y su mensaje es lo primero y lo último para aquellos primeros creyentes que comenzaban a formar una comunidad denominada cristianos. Y su auge, crecimiento y extensión no agradaba a los gobernantes del Imperio. Del Imperio Romano. Pero todo esto se estancó en una vía muerta.
    Un dia, si el tiempo, la memoria y los datos referenciales me lo permiten, seré algo más preciso, conciso y sinóptico en la exposición del tema.
    Ahora, estimado Jonás, con tu permiso y si no lo crees adecuado puedes eliminarlo, voy a insertar un texto (de carácter literario) donde expreso mi sentimiento acerca del silencio y sus temores.

    A veces es necesario romper, gritar y destruir. Para no quedar enganchado al pasado que nos acecha como una sombra indeseable. A veces es necesario huir, ausentarse sin miedos, sin temores y escapar de nosotros mismos. Porque de lo contrario, la realidad nos volcaría al infierno de la monotonía, el aburrimiento y el hastío. A veces es necesario hacer lo contrario a lo establecido e intentar deshacerse de las cadenas impuestas. A veces es necesario caminar solo y no seguir a nadie para encontrar el camino, nuestro propio camino, que no conduce a ninguna parte. A veces es mejor empezar de nuevo para que todo comience a ser diferente. A veces pensamos que lo malo es bueno y lo bueno es malo. A veces confundimos la realidad con los deseos y viceversa. A veces amamos sin amar porque el amor nos resulta ya algo pesado. A veces deseamos gritar pero elegimos el silencio. Un silencio que nos ayude a seguir gritando hasta que nadie nos oiga.

    Antonio Pérez

    Un fraternal y sincero abrazo...

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  6. Juanfer y Antonio Pérez, gracias por las precisiones. Lo que yo pretendía decir es que considero muy difícil y extraño que la IASD llegue a equipararse a la Iglesia Católica, dado que los fundamentos en los que se basan son opuestos. Aunque hay algunas pulsiones hacia la libertad y el auténtico evangelio dentro del catolicismo, la naturaleza más profunda de esta organización, definida y repetida una y otra vez en todos sus textos fundamentales y acciones, establecida conscientemente por sus dirigentes, es jerárquica y eclesiocéntrica. Lo extraño en el catolicismo es el espíritu del evangelio. En cambio creo que la IASD tiene una vocación nítidamente evangélica; lo extraño en ella, aunque pueda resultar invasivo por momentos, es el eclesiocentrismo. De ahí que posiblemente ni con el tiempo se llegaría a asimilar al papismo. Quizá me equivoco, pero no creo que hoy por hoy los adventistas estemos más cerca que lejos del papismo. En cualquier caso, tengo la esperanza de que no tengamos la posibilidad de descubrir cómo evoluciona nuestra iglesia, porque Cristo vuelva ya a rescatarnos.

    Gracias por tu texto literario, Antonio. Tus comentarios son bienvenidos, como los de todo aquel que se exprese con respeto. En este caso también resulta inspirador.

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  7. Gracias a ti, Jonás.
    Hoy he tenido la curiosidad de presenciar, por internet, la apertura de la XIX Asamblea de la Unión Española. Y la intervención, del todavía presidente de la Unión Adventista en España, Jesús Calvo Manso, me ha parecido correcta en términos generales. Sus palabras, discurso y mensaje, han estado bien estructuradas, sencillas, informales y con intención, además de aprovechar para despedirse, de crear una atmósfera de espiritualidad, reavivamiento y ¿reforma?. Lo último ya no lo tuve tan claro. Confieso que nunca lo había escuchado en directo y su voz, el timbre de su voz, me ha parecido exageradamente susurrante. Como si quisiera hablar, hablarnos, al oído. Una técnica que ya está muy estudiada en el arte de la hermenéutica. En fin, esto solo acaba de empezar. Veremos como acaba.
    Un abrazo sincero.

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  8. Quise decir: Veremos como termina.

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  9. Según las últimas noticias referente a la XIX Asamblea de la Unión Española, más de lo mismo. Parece que todo va a seguir igual. La máxima de que hay que cambiar algo para que todo siga como siempre, se ha impuesto. Y luego hay quien cuestiona la opinión del paralelismo, no en la forma pero sí en el fondo, entre la jóven Iglesia Adventista y la milenaria Iglesia Católica. La consigna llegada desde Norteamérica por la Conferencia General: Reavivamiento y Reforma, se va a quedar, creo, en un poco de reavivamiento y práticamente ninguna reforma. En fin, esperemos que con el tiempo podamos saber y comprender más y mejor de los entresijos de la XIX Asamblea. Se dice, con toda razón, que la soberanía de la Iglesia Adventista reside en sus miembros. Pero en todos y cada uno de sus miembros. Y lo de jefes o líderes, ni una cosa ni la otra. La Iglesia necesita, pienso, servidores. Servidores dispuestos a predicar a los miembros de la iglesia y salir fuera de la congregación para predicar, también y especialmente, al mundo no eclesial. Si alguien sabe o conoce la trastienda de la XIX Asamblea, por favor, que no dude en informarnos en libertad...
    Un cordial y fraternal abrazo a todos

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