Publicado también en CaféHispano (Spectrum)
Desde que el pecado entró en el mundo, el hombre perdió su
relación de paz con Dios, y sufre de odio, tristeza, temor, agitación, egoísmo,
violencia, incredulidad, orgullo y desequilibrio. Este es el fruto de haber
perdido la presencia del Espíritu Santo en el corazón. Por muchos intentos que
hagamos, no podemos alcanzar la verdadera paz y alegría para nuestra vida sin
Él. Es sólo Dios quien puede volver a llenar ese vacío que hay en nosotros.



