viernes, 20 de julio de 2012

¿Qué está ocurriendo entre bambalinas? Un ejercicio eclesial de transparencia y honestidad


Por Ignacio Simal
Tomado del blog Pastor Dadaísta
Publicado también en Café Hispano (Spectrum)

Nos hacemos eco de este magnífico artículo del pastor evangélico Ignacio Simal sobre el tema de la transparencia en la iglesia. Se añaden destacados en negrita. Acerca del mismo asunto se pueden consultar los siguientes textos de A la Puerta: Entre vosotros no será así, Carta abierta a un dirigente adventista, Ante la próxima Asamblea de la Unión Adventista Española y Es necesaria una mayor transparencia en la administración de la iglesia.

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Es una preocupación que se pierde en la noche de los tiempos de mi biografía personal. Una preocupación que en los últimos meses ha vuelto a hacerse palpable de una forma inusitada en el ejercicio de mi labor pastoral. Conversaciones con amigos y la lectura de algunos textos han logrado que mi preocupación se torne en ocupación a “full time”.

domingo, 25 de marzo de 2012

Abierto por “reformas”

Por Daniel Bosqued
http://yoestoyalapuerta.blogspot.com/
Publicado previamente en la Revista Adventista española, marzo de 2012

Uno de los principios de la Reforma protestante quedó fraguado en la expresión “Ecclesia semper reformanda est”, que significaba que la iglesia siempre debía estar reformándose. Esta máxima, que apareció por primera vez en el siglo XVII, recogía el germen del movimiento y trataba de impedir que –con el tiempo– el protestantismo también quedara estancado en los mismos errores de la iglesia tradicional. Idealmente, este principio de reforma constante debía transmitir un espíritu de mejora permanente y de aplicación contextualizada de los principios bíblicos a las diferentes realidades con las que la iglesia tuviera que convivir.


sábado, 24 de marzo de 2012

Cómo mantenerse frío en reuniones calientes

Hay maneras correctas e incorrectas de afrontar las fricciones en los consejos de iglesia
Por Robin Erwin
http://yoestoyalapuerta.blogspot.com/

Ésta es la traducción de
un artículo publicado en la Adventist Review el 8 de marzo de 2012. Destaco sobre él tres aspectos:

1. Contribuye a aclarar el concepto de “política”, a veces tan mal entendido en nuestro medio: la política, “en un sentido amplio, son todos los mecanismos de funcionamiento y normas de que se dota una institución” (ver
Política eclesiástica), y por tanto es inevitable en la iglesia, y no es pecaminosa. En cambio hay ocasiones en las que, con la excusa de evitar esa necesaria política, se incurre en el politiqueo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Son jefes, no líderes

Tomado de En las Catacumbas (http://catacumbas10.wordpress.com/)http://yoestoyalapuerta.blogspot.com/

Tomo del blog
En las Catacumbas este interesante post, que entiendo nos invita a meditar a todos pues, como señalaba Michael Pearson en un texto que recogimos en su día, cada uno de nosotros normalmente ejerce algún tipo de poder sobre los demás, aunque sea mínimo. En tales circunstancias, ¿nuestra actuación se aproxima más a la del jefe o a la del líder?

Hace unos años que en nuestro medio se trata con frecuencia el asunto del liderazgo en relación con los distintos ministerios ejercidos en la iglesia (incluso se imparten cursos sobre el tema); pero, hasta donde conozco la cuestión, normalmente se hace sin llegar analizar en profundidad lo que ser líder implica (y, sobre todo, lo que
no implica) desde el punto de vista bíblico. He aquí una breve reflexión que puede ser útil para tal fin. Jonás Berea



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El líder nace. El jefe es nombrado o llega a serlo trepando.

El jefe pretende imponer su autoridad, ignorando que ésta no se impone sino que emana de quien la tiene. Reclama confianza, siendo que ésta es algo que hay que ganarse mediante una praxis coherente con el discurso.

viernes, 20 de enero de 2012

¿Debemos permanecer en silencio?

Por Keith Burton
http://yoestoyalapuerta.blogspot.com/
Publicado también en Café Hispano (Spectrum)
Traducción de Jonás Berea del original inglés en Spectrum

«Entonces también ellos le responderán diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te servimos?” Entonces les responderá diciendo: “De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”» (Mateo 25: 44-45).

En su libro Adventism and the American Republican (El adventismo y el republicano estadounidense), Douglas Morgan examina el desarrollo de un movimiento profético que entendió todas las implicaciones del término “profético”. Se veían a sí mismos insertados en el gran esquema cronológico profético tras recibir humildemente el testigo de las corrientes históricas que buscaban recuperar el cristianismo bíblico. Con rasgos de valor, este movimiento incipiente condenaba los abusos de un sistema religioso que pretendía ser representante de Dios (vicarius Dei), pero que había tragado las bebidas servidas por el camarero del infierno. Audaces representantes de esta minoría marginada incluso se atrevieron a volverse contra sus hermanas protestantes apóstatas, a las que acusaban de tirar la toalla con el fin de aferrarse a los hábitos arraigados que habían adquirido durante su cautividad espiritual.

Además de su conciencia cronológica, este movimiento asimismo entendió que un pueblo profético no sólo está llamado a meditar en su condición de remanente, sino también a agitar el statu quo. No era suficiente con imprimir folletos con elaborados gráficos y con imágenes creativamente trabajadas de bestias grotescas diseñadas para empujar a la gente hacia el reino. No era suficiente con fomentar en las masas la necesidad de reformar el vestido y la dieta para que cambiaran sus ropas constrictoras y sus dietas destructivas por vestimentas amplias y calorías saludables. No bastaba con despertar la conciencia sobre vicios sexuales privados que debilitan la sensibilidad moral de la persona y agotan sus fuerzas vitales. Este movimiento entendió que un pueblo profético estaba llamado a ser la voz de Dios en un reino cautivado por Satán. Este movimiento entendió que el remanente está llamado a pensar como Jesús pensaba, a andar como Jesús andaba, a hacer lo que Jesús hacía.

Con su conciencia reforzada, los portavoces de la Iglesia Adventista osaron afrontar asuntos impopulares con pleno conocimiento de que algunos de los suyos y muchos de fuera del “pequeño rebaño” verían sus actos públicos como activismo político. Aun así, comprometidos con el llamado a la justicia social, dominante en la Biblia, y conducidos por las demandas prácticas de una teología liberadora, la aparentemente insignificante congregación no se avergonzó de decir la verdad al poder. Mucho antes de que el doctor Martin Luther King predicara el sermón “Por qué Estados Unidos puede ir al infierno”, mucho antes de que el doctor Jeremiah Wright abriera los ojos de la nación a un aspecto central del evangelio tal y como se registra en Lucas 6; mucho antes de que el obispo Tutu instara al gobierno de Sudáfrica a que dejara marchar a su pueblo, los adventistas del séptimo día entendieron que el cristianismo genuino exigía que los que han sido llamados en el nombre de Dios no tienen otra opción que ser la voz de los sin voz y el hogar de los sin hogar.

En consonancia con el espíritu de los profetas sociales de la antigüedad, nuestros pioneros desafiaron la retorcida, opresiva y demoníaca interpretación bíblica de los ciegos teólogos estadounidenses que justificaban la esclavitud difundiendo la doctrina ponzoñosa del “mandato paulino”. Aunque les superaban en número los seudocristianos que cantaban en el coro los domingos por la mañana y linchaban negros por la noche, algunos de nuestros antepasados no sólo hablaron claramente contra los males de la esclavitud y la segregación, sino que desarrollaron sistemas para la emancipación total de aquellos para quienes el “sueño americano” era una pesadilla real. Es verdad que algunos líderes estaban paralizados por el miedo y absorbidos por una mentalidad quimérica, pero el hecho de que la voz humana con más autoridad en la iglesia se atreviera a hablar de “nuestro deber con la gente de color” es prueba positiva de que el Espíritu de profecía estaba bien vivo.

Los líderes de la iglesia no sólo cuestionaron el capitalismo salvaje que deshumanizaba a un sector enorme de la población estadounidense, sino que intentaron intervenir en la miseria rampante que aniquilaba vidas en los suburbios marginales. Tal y como informa Doug Morgan, los adventistas estaban a la vanguardia de programas urbanos que ofrecían refugio y formación a las víctimas de un sistema feudal en el que los de arriba no se preocupaban por los más humildes. Además, la iglesia asumía su rechazo de una guerra que se cobraba vidas inocentes. Entendían que ningún ciudadano del reino podía celebrar la carnicería causada por la guerra; nadie con la mente de Cristo estaría satisfecho con la explicación de que las víctimas inocentes de una agresión estadounidense deberían apuntarse al margen como “daños colaterales”.

Cuando reflexiono en las posiciones audaces adoptadas por un pueblo que entendió las implicaciones de ser un movimiento profético, me pregunto por qué mi iglesia opta por permanecer en silencio ante las muchas injusticias que confronta nuestra sociedad hoy. Me pregunto por qué elegimos desentendernos del debate nacional, sin darnos cuenta de que nunca es posible permanecer neutrales. De hecho, como dijo Desmond Tutu, “si un elefante pisa el pie de un ratón, el ratón no agradecerá tu neutralidad” (paráfrasis mía). Nuestro silencio en los momentos kairos puede resultar realmente ensordecedor.

Pero, ¿debemos permanecer en silencio? ¿Debemos permanecer en silencio cuando un pueblo xenófobo olvida que sus antepasados no tuvieron que solicitar un permiso de residencia al desplazar a los sioux y los apaches después de desembarcar en estas costas en barcos construidos en Europa? ¿Debemos permanecer en silencio cuando un pueblo irreflexivo se da cuenta de que el auténtico problema con “nuestros puestos de trabajo” no es que los extranjeros vienen a quitárnoslos, sino que los ricos ciudadanos estadounidenses que dirigen las corporaciones y recogen los dividendos los están exportando? ¿Debemos permanecer en silencio cuando un gobierno firma tratados regionales que benefician a los países del norte y dañan a los países del sur? ¿Debemos permanecer en silencio?

¿Debemos permanecer en silencio cuando el abismo entre ricos y pobres continúa ensanchándose? ¿Debemos permanecer en silencio cuando los candidatos a la presidencia que se hacen llamar cristianos se oponen a establecer impuestos justos a los estadounidenses más ricos, que son quienes más se benefician del sistema? ¿Debemos permanecer en silencio cuando un gobierno usa los fondos públicos para rescatar a las instituciones que hundieron la economía, y no hace nada para aliviar la carga de los pobres y de la clase media, aplastados bajo la carga de las deudas contraídas para consumir y estudiar? ¿Debemos permanecer en silencio?

¿Debemos permanecer en silencio cuando el precio de la atención sanitaria sigue subiendo y en consecuencia disminuye el acceso a una sanidad asequible? ¿Debemos permanecer en silencio cuando cargos electos con salarios de seis cifras pueden elegir entre una amplia variedad de proveedores de servicios sanitarios pagados con dinero público, pero no se lo piensan dos veces al votar contra una sanidad pública? ¿Debemos permanecer en silencio cuando gobernadores de estados (como el de Texas) se niegan a financiar clínicas de planificación familiar, con la excusa de que –aunque no realizan abortos– algunos consejeros podrían plantearlos como una opción? ¿Debemos permanecer en silencio?

¿Debemos permanecer en silencio cuando el espíritu de la guerra impregna el alma de la nación y las iglesias descaradamente promueven la política del gobierno, en flagrante rebeldía hacia el Príncipe de la Paz? ¿Debemos permanecer en silencio cuando la administración actual continúa las políticas destructivas de la anterior y mantiene el campo de detención de la Bahía de Guantánamo, donde hay seres humanos presos sin el debido proceso judicial? ¿Debemos permanecer en silencio sobre las más de mil instalaciones militares que Estados Unidos mantiene en suelo extranjero? ¿Debemos permanecer en silencio cuando cada vez hay más adventistas que no tienen inconveniente en ofrecerse voluntarios para un ejército que les enseña a matar sin conciencia? ¿Debemos permanecer en silencio?

Mientras consideras tu respuesta a estas preguntas, recuerda siempre que a un árbol se lo conoce por sus frutos.

Keith Augustus Burton es el Coordinador del Centro para las Relaciones entre Adventistas y Musulmanes en la Universidad de Oakwood. También colabora en la obra The Peace Making Remnant (El remanente pacificador), publicado por Adventist Peace Fellowship.



jueves, 29 de diciembre de 2011

¡Despertad!: Unidos seremos relevantes

Por Jonás Berea (jonasberea@gmail.com)

http://yoestoyalapuerta.blogspot.com/

En Protestante Digital se puede escuchar una
entrevista al escritor evangélico Mario Escobar, y leer un resumen de la misma, que reproducimos a continuación. Escobar acaba de publicar el libro ¡Despertad!, en el que ofrece un diagnóstico del mundo protestante en España y aporta varias ideas para ser “luz y sal” en la sociedad actual. Considero que las palabras de este autor se pueden aplicar perfectamente a la Iglesia Adventista española y a su misión.

Escobar nos invita a reflexionar sobre las posibilidades que la sociedad actual nos ofrece para dar testimonio (ver también
Una red de activistas del evangelio). Además de presentar al mundo nuestro mensaje distintivo, podemos actuar en coordinación con otros colectivos para defender causas justas que son una exigencia del evangelio. Jonás Berea.



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Ante una “encrucijada histórica” como la que enfrenta este país en la actualidad, el pueblo evangélico “debe unirse para reivindicar sus derechos hacia una mayor igualdad”. Esta es una de las ideas que defiende el escritor Mario Escobar Golderos en su última publicación, un ensayo titulado ¡Despertad! editado por Noufront. […]


CONTRA EL “GUETO” EVANGÉLICO

Escobar explica su visión del mundo evangélico en España. ”Por desgracia el pueblo evangélico se ha conformado a ver que sus iglesias se llenaban más o menos con la inmigración. Eso le ha hecho adormecerse en la misión de predicar”, apunta el escritor.

Al mismo tiempo, explica, la vivencia evangélica se ha hecho “personalista” hasta el punto de casi desaparecer del ámbito público, en parte por culpa de la ocultación obligada de la fe durante gran parte del siglo XX.

“Por eso nos cuesta participar en la sociedad”, añade Escobar, y parece “que lo que hacemos pasa desapercibido para la sociedad, y sólo podemos ser sal y luz si estamos en el sitio donde Dios nos ha puesto. Debajo de la mesa no podemos cumplir la misión de Dios”.

Para salir de esto, hay que comenzar “por despertar”, siendo una iglesia que sepa acercarse, ya que “está muy separada de la sociedad secular”. “Tenemos que aprovechar –agrega Escobar– lo que tenemos en común con la sociedad” para dejar nuestra impronta: la historia, la literatura o las artes son cosas “que podemos compartir”.


ACTUAR CON VALENTÍA

Pero ¿cómo salir “afuera” y ser relevantes en la sociedad? En ¡Despertad!, Mario Escobar apunta varias propuestas.

“No somos conscientes a veces de nuestro potencial”, dice el escritor. ”La capacidad que tenemos, de nuestra juventud, de los ministerios que realizamos. Y nosotros nos vemos pocos, incapaces, sin mucha fuerza”. Por tanto, primero lo que necesitamos es un cambio de actitud y mentalidad.

“No debemos conformarnos. Tenemos que potenciar desde las iglesias que las personas estén haciendo literatura, películas”, añade Mario Escobar, que rechaza el concepto de “arte cristiano” para abrazar la idea de “arte hecho por cristianos” como forma de llegar a la gente en su lenguaje.


MÁS PARTICIPATIVOS

Además, apunta a un cambio en las instituciones evangélicas para que se vuelvan más activas en la vida social y política del país. “En 2011 ha habido un revulsivo para muchos. Lo que ha pasado en Barcelona o en Madrid –con las licencias de los lugares de culto– ha hecho que las instituciones se movieran más”, explica Escobar.

Por otra parte se está dando un crecimiento notable en las iglesias que no se ve reflejado en las instituciones, que en su opinión “siguen movidas por un pequeño grupo de personas”. Escobar propone “que las organizaciones escuchen a los cristianos 'de a pie'. Que se cuente más con el cristiano de base, que tiene una opinión y quiere participar en las instituciones”.


UNA LABOR QUE HACER

La necesidad siempre es oportunidad, y como evangélicos éste podría ser un motor. “Siempre que un colectivo como el nuestro, con una base profunda, se pone en marcha, pasan dos cosas”, apunta el escritor. “Lo primero es que van a cambiar cosas en la sociedad, se nos tomará en cuenta como colectivo. Pero en segundo lugar también sufriremos una oposición, porque hay intereses mediáticos, religiosos o políticos que prefieren un pueblo evangélico dormido”.

“Un pueblo evangélico más activo podría suponer cambiar realidades a las que nos hemos conformado, como el espacio público cerrado a las iglesias, normas distintas para abrir un lugar de culto, o los privilegios de algunos. Esto iría cambiando, se rompería el status quo. Pero creo que a la larga sería positivo para toda la diversidad religiosa en España”, concreta Escobar.

La labor en la sociedad comienza por darse a
conocer. “Sigue habiendo mucha gente que ignora lo que somos. No hemos hecho demasiada pedagogía. Ahora tenemos medios de comunicación, vamos escribiendo muchos tipos de libros, editoriales que surgen con un enfoque más secular. Estos medios nos permitirán acercarnos a la gente, y así se quitarán susceptibilidades. Los protestantes seguimos siendo asociados a grupos sectarios”.

A través de este conocimiento “se facilitaría que pudiéramos transmitir nuestro mensaje, porque quien desconfía del mensajero no recibe le mensaje”.


EJEMPLO A SEGUIR

El 31 de octubre las iglesias evangélicas en España celebraron el Día de la Reforma. La figura de Lutero es, para Escobar, un buen ejemplo a seguir para saber cómo actuar en nuestros días.

Lutero “tuvo la valentía de denunciar las indulgencias cuando vio que detrás había un poder económico. Fue un despertador de conciencias porque gracias a sus escritos, a los pasquines que se distribuían por Europa, levantó a una Europa dormida”. Gracias a su obra “el hombre europeo encontraría que tenía una fuerza mayor de la que pensaba”.

Mario Escobar anima al pueblo evangélico a contagiarse de esa “visión profética” de la vida de Lutero que le llevó a enfrentarse a los poderes de su tiempo “sin temor a perder su posición y aún arriesgando su vida. Denunció lo que estaba mal en la sociedad, en la iglesia, lo hizo con valentía, y además acercó la Biblia al pueblo, ya que tradujo la Biblia al alemán popular, para que lo pudieran entender plenamente”.


LA SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL

Escobar entiende que, con el Partido Popular formando Gobierno con mayoría absoluta, será complicado que haya avances en cuanto un desarrollo de la ley de libertad religiosa que el anterior Gobierno dejó aparcada.

“A nadie se le escapa que el PP es un partido con una buena mayoría católica, que históricamente tienen una gran sintonía. No espero un retroceso, pero sí un mantenimiento de lo que hay, que es injusto, y un retraso indefinido de una ley de libertad religiosa”, apunta Escobar.

Además es posible “que la presión crezca” sobre los evangélicos “con la idea de parar las libertades de las minorías religiosas, enfocándose en el Islam”, advierte.

[En la
entrevista completa Escobar desarrolla la idea de que los protestantes debemos hacer nuestra aportación en la consecución de un estado auténticamente laico, eliminando el confesionalismo y los privilegios de la iglesia históricamente dominante, y añade: «Estamos en una encrucijada histórica como país, y creo que es una oportunidad para todos que unidos podamos cambiar algunas realidades de nuestra sociedad, no sólo con respecto a la libertad religiosa, sino con respecto a otras áreas. […] Es un buen momento para que unidos, y más unidos que nunca, podamos reivindicar nuestros derechos como colectivo e individuales, hacia una mayor igualdad, y que por fin en España suceda, después de tantos siglos de persecución, una verdadera transición religiosa que haga que no haya ciudadanos de primera y de segunda clase». JB]


¡DESPERTAD! Y OTROS PROYECTOS

El escritor finaliza su entrevista hablándonos de futuros proyectos. Entre ellos una nueva novela titulada Exterminio, retrato de la colonización de América; y en segundo lugar una biografía sobre Winston Churchill.

De momento, es posible adquirir ¡Despertad!, de Mario Escobar Golderos, que ha sido publicado por Ediciones Noufront y por lo tanto está disponible para su compra en la tienda online
www.noufrontstore.com.



martes, 4 de octubre de 2011

El legalismo según Pablo


Publicado también en Café Hispano (Spectrum)



La Guía de Estudio de la Biblia, o librito de la Escuela Sabática, nos propone para el trimestre octubre-diciembre de 2011 profundizar en la epístola a los Gálatas. Además de algunas obras de consulta accesibles en línea, como el Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, o los comentarios que se pueden descargar gratuitamente con la Biblia electrónica e-Sword (en inglés), considero recomendable un interesante libro sobre esta carta de Pablo: Evangelio versus legalismo. Cómo enfrentar la influencia insidiosa del legalismo, de Marvin Moore (Buenos Aires, ACES, 1998).

El autor presenta su obra no como un estudio erudito, sino fundamentalmente como una aportación pastoral, con aplicaciones especiales para la Iglesia Adventista, dado que, según él, “la mejor manera de beneficiarnos con un libro acerca del legalismo es examinarlo de cerca en una denominación que esté repleta de él” (p. 13); y, tristemente, como cualquiera puede constatar, y como el propio libro expone abiertamente, en la Iglesia Adventista existe una propensión especial al legalismo, por la cantidad de normas heredadas de nuestra tradición.

Moore comenta la epístola capítulo por capítulo, centrándose sobre todo en las respuestas de Pablo al conflicto generado por los judaizantes de Galacia (a los que denomina “partido judío”), por su afán de imponer ciertas prácticas al conjunto de la iglesia. Es en ese contexto donde se enmarca la teología paulina de la salvación, desarrollada especialmente en esta epístola y en Romanos. Moore ofrece interesantes análisis y reflexiones sobre las relaciones entre la ley y el evangelio, y entre el judaísmo del Antiguo Testamento y el cristianismo del Nuevo; también comenta en extensión el papel de la ley como “ayo”, “tutor”, “guía” o “pedagogo” (Gálatas 3: 24, 25), y lo ilustra con el debate que tuvo lugar en el Congreso de la Asociación General de los adventistas en Minneapolis en 1888.

Los últimos capítulos resultan especialmente prácticos, pues en ellos Moore aplica las enseñanzas de Gálatas a la iglesia actual. El capítulo 15 es un agudo análisis del fenómeno del legalismo, que incluye varios ejemplos reales tomados de una sección de cartas de consulta de la Adventist Review (todos ellos terribles); el autor plantea si acaso cada uno de nosotros no alberga al menos algo de legalismo. El capítulo 16 analiza las consecuencias del legalismo, el 17 ofrece al legalista pautas espirituales y prácticas para vencer esta tendencia y el 18 aporta consejos sobre cómo tratar con los legalistas; todo ello basándose en la experiencia de Pablo con los gálatas.

En definitiva, es un libro muy recomendable, que contribuye a situar la teología de Pablo en su contexto eminentemente pastoral y eclesial (algo que a veces la exégesis olvida), que contempla algunas tendencias presentes en la Iglesia Adventista desde una perspectiva de autocrítica firme y a la vez sana y no exenta de cariño, y que ofrece soluciones profundamente evangélicas.